Matar la universidad pública

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La primera –y posiblemente única- etapa del Gobierno del nuevo rumbo nos conduce hacia la profundización de un país sin oportunidades para su gente, con jóvenes sin posibilidad de empleo digno, con trabajadores precarizados, con mucha informalidad tributaria y ahora con el debilitamiento de la universidad pública. Detestan lo público.

Resulta que en el 2013 algunas voces ya alertaban acerca de este contexto, un posible gobierno dirigido por empresarios no políticos y que su línea de trabajo sería la de la privatización, sonaba panfletario y no tenía mucha trascendencia. Sumado a que los acontecimientos anteriores en materia de bamboleo político, fragilidad de las instituciones y un bochornoso gobierno liberal, hicieron que esa propuesta electoral sea ciertamente esperanzadora para la mayoría de los votantes.

Desde ese año vivimos el dominio político de la billetera tecnócrata, que ha mantenido en alquiler a las mayorías de los otros poderes del Estado y se ha enfocado –entre otras cosas-  en la precarización de los servicios y las instituciones públicas (Ande, Essap, IPS y ahora la UNA) para que la solución anunciada e ideal sea la participación del sector privado, o sea ellos. Y para tal efecto, el discurso del gobierno fue siempre uno de odio direccionado hacia todo lo público (funcionarios, ministerios, secretarías).

Pero desde que la UNA entra en este paquete deja más claro aún su política con relación a la promoción y protección de la educación pública. La ministra Lea Giménez –primera mujer ministra de Hacienda- no ha pisado una universidad pública paraguaya. Sin hacer juicio de valor, la ministra se formó en los EEUU (Universidades de Lehigh, Iowa y Kansas) y bien por ella, pero mal por su forma de pensar la educación pública para un país lleno de jóvenes que hoy son exiliados de la educación superior.

La universidad pública debe ser gratuita, integradora y de calidad, hoy la UNA no es gratuita para nada, hay carreras inaccesibles sea por aranceles o carga horaria que imposibilita al alumno/trabajador de poder formarse. Sin embargo, aún en esa realidad da oportunidad a miles de personas de poder adquisitivo bajo o limitado, de acceder a una carrera.

En la UNA se combatió la corrupción, fue un estruendo a nivel internacional en donde muchos aliados del oficialismo fueron afectados, esto puede tratarse de un pase de factura por el capricho de una persona que nunca fue a la universidad y hoy está dirigiendo el país.

Este gobierno no terminó de comprender la importancia de la universidad pública para nuestra sociedad y en vez de incentivar y apostar su crecimiento se concentra en debilitarla haciéndola más excluyente, mientras que por otro lado financia a las universidades privadas con dinero de Itaipú.

Son las dos caras del gobierno de la billetera tecnócrata.

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