Asunción colapsada por la desidia

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El trabajador, vecino y visitante ocasional de Asunción, está viviendo (sufriendo) en carne propia las consecuencias de la desidia política e histórica de sus autoridades locales y nacionales. El mejor ejemplo para ilustrar esta afirmación, es el colapso del tránsito en la ciudad de Asunción.

Este “quilombo” vehicular, con sus matices de la “ley de la selva”, “sálvese quien pueda” o el “más fuerte y tova’atá gana”, se debe sencilla y llanamente al nulo interés de la clase gobernante que en las décadas anteriores tuvieron la posibilidad de hacer un trabajo serio de planificación de la ciudad, como mínimo a 30 años, teniendo en cuenta todos los factores, como crecimiento poblacional, demografía, parque automotor, calles, etc., etc., etc. En síntesis, a la clase política gobernante nunca les calentó ni la ciudad ni su gente, salvo honrosas excepciones que no pudieron hacer la diferencia.

En el año 1986 se presentó el Plan Ceta (elaborado con ayuda externa) que prevía evitar, básicamente, todo este “desastre”, con una serie de medidas para mejorar el acceso y salida de la ciudad, las calles, los buses y todo el sistema de itinerarios, pero ¿Qué pasó? Jamás se tomó en cuenta. Así de sencillo.  Incluso, cada diez años se fue actualizando con ayuda de organismos extranjeros, pero igualmente nunca pasó nada. Encima, es seguro que costó una ponchada de plata.

De la presentación de aquel plan a hoy han pasado 30 años. Sí, ya son treinta años que estuvo “colgado” este proyecto que pudo ayudarnos a que hoy aprovechemos mejor el tiempo, nos desplacemos con más seguridad, tranquilidad, respetemos el medio ambiente y sobre todo, tratemos dignamente a la gente que vive, entra y sale de la capital del país.

En nuestro presente tenemos el más claro ejemplo de esta desidia: el colpaso del tránsito de Asunción, que sufre el peor embotellamiento vehicular en su historia, hoy agrabado a causa de un puente. Sí, de un puente de mierda (como sostuvo un colega), en una avenida clave de acceso y salida a la ciudad. No puede ser que por un puente se haya ido todo a la “p…”, pero es así y lo estamos sufriendo. Ese puente de la Avenida Artigas, que pasa sobre el arroyo Mburicaó, es el gran monumento que honra la memoria de ilustres gobernantes de tiempos pasados que nada hicieron por su gente.

Asunción pretende crecer y lo está haciendo, con la colaboración del capital privado, pero es inconcebible pensar en una ciudad moderna mientras sigamos utilizando las mismas calles coloniales, un sistema de transporte pésimo y una terrible falta de planificación a futuro.

Soy consciente de que ahora se está “tratando” de hacer algo para cambiar el sistema, desde la Municipalidad y el Gobierno (aunque muchos sostengan lo contrario), pero considero que cualquier intento de solucionar el grave problema del tránsito en Asunción no es más que un paliativo. Mientras los gobernantes no planifiquen seriamente a futuro, piensen en la gente y en el medio ambiente, todo lo bueno que se pretenda hacer será sólo un “parche”.

Sinceramente, no quiero que las próximas generaciones vivan y sufran lo que nosotros. Algo hay que hacer y ésta es la magnifica oportunidad para que las autoridades reparen la desidia histórica de sus antecesores.

Es mi humilde opinión…

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