La alarmante disparidad entre los gastos suntuarios del Estado y las urgencias del sistema de salud pública ha vuelto a desatar una fuerte polémica en Paraguay. La exsenadora Desiré Masi asi lanzó una dura crítica contra el gobierno tras revelar que el Estado paraguayo no destina los 784 millones de guaraníes necesarios para financiar el tratamiento médico de aproximadamente 200 niños que padecen de cáncer y cardiopatías graves.
Para dimensionar la desconexión gubernamental, Masi comparó de manera irónica esta millonaria necesidad con «una partecita» de las recientes licitaciones de la Itaipu destinadas exclusivamente a flores, arbustos y mantenimiento de jardinería. El blanco principal de sus críticas fue el director paraguayo de la entidad, Justo Zacarías Irún, y su esposa, la diputada Rocío Abed, a quienes la exlegisladora tildó metafóricamente como «Luis XVI y María Antonieta», acusándolos de vivir en la opulencia mientras la ciudadanía padece carencias extremas.
Este reclamo se suma a una serie de cuestionamientos ciudadanos y denuncias periodísticas que arrastra la administración de Itaipú, salpicada por millonarios contratos de servicios superfluos, cuestionables procesos de contratación de personal y un aumento en el gasto de publicidad y eventos.
Mientras las familias de los pacientes pediátricos deben realizar constantes colectas, rifas y movilizaciones frente al Ministerio de Salud para conseguir insumos básicos y turnos de cirugía, la binacional maneja fondos socioambientales multimillonarios con una discrecionalidad que sigue bajo la lupa pública. La comparación de Masi no solo expone un problema de presupuesto, sino una profunda crisis de prioridades éticas en la distribución de los recursos públicos, donde el paisajismo y el confort político parecen cotizar más alto que la supervivencia de los niños más vulnerables del país.
Fuente: AM_1080



