La oposición paraguaya ha decidido adelantar los relojes políticos y acelerar su reconfiguración de cara a las elecciones presidenciales de 2028, desplegando una intensa danza de nombres que busca desafiar la hegemonía de la Asociación Nacional Republicana (ANR). El tablero electoral se sacudió por completo tras la sorpresiva propuesta de Paraguayo «Payo» Cubas, líder de Cruzada Nacional, quien decidió bajarse de la chapa presidencial para proponer y respaldar activamente una fórmula unificada entre el gobernador de Central, Ricardo Estigarribia, y la senadora Yolanda Paredes.
Esta movida busca consolidar una alianza estratégica entre el voto antisistema y la estructura tradicional del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). Sin embargo, este bloque confronta de manera directa con las aspiraciones del exintendente de Ciudad del Este, Miguel Prieto, y el senador liberal Enrique Salyn Buzarquis, quienes avanzan firmes en sus propias conversaciones.
Mientras Estigarribia plantea una gran medición por duplas en preinternas a padrón abierto para definir la fórmula más competitiva, figuras como Prieto ratifican que mantendrán su candidatura presidencial sin temor a competir internamente, abriendo un debate central sobre cómo dirimir liderazgos sin fragmentar el voto.
Este prematuro escenario deprime y entusiasma por igual, develando una verdad ineludible: para vencer a la maquinaria colorada en 2028, la unidad no es una opción, sino una obligación de supervivencia matemática. El principal enemigo de la alternancia en Paraguay suele habitar dentro de las mismas filas opositoras, donde los proyectos personalistas frecuentemente dinamitan los acuerdos colectivos. Por un lado, la chapa de Estigarribia y Paredes representa un pragmatismo frío y efectivo, uniendo el control territorial del gobernador en el departamento Central con el caudal electoral genuino y combativo de la senadora esteña.
Por el otro, la potencial dupla entre el líder del movimiento Yo Creo y Salyn Buzarquis busca capitalizar el desencanto urbano y el peso electoral de Alto Paraná; Prieto sigue demostrando una notable resiliencia política, manteniendo su proyección nacional a pesar de enfrentar decenas de causas judiciales que denuncia como una persecución del cartismo para inhabilitarlo.
En este contexto, la propuesta de dirimir estas fuerzas mediante una preinterna con padrón abierto surge como la única herramienta democrática capaz de otorgar legitimidad indiscutible a los ganadores y evitar la trampa de los acuerdos de cúpulas. Si la oposición paraguaya pretende constituirse como una alternativa real de poder, la verdadera prueba no será diseñar la dupla perfecta sobre el papel, sino lograr que los caciques políticos que resulten derrotados tengan la madurez de declinar sus ambiciones individuales y sostener el pacto hasta las urnas.


