Lo que nació como la mayor promesa de vivienda propia para la clase media paraguaya se ha convertido en una «ciudad fantasma» donde la naturaleza recupera terreno a paso firme. En Mariano Roque Alonso, justo frente al tradicional campo de la Expo, un inmenso predio de casi 18 hectáreas duerme el sueño de los justos bajo un manto de maleza y olvido.

El Ministerio de Urbanismo, Vivienda y Hábitat (MUVH) adquirió estas tierras del IPS en el año 2015 por una suma superior a los 36.000 millones de guaraníes, equivalentes a más de 6 millones de dólares de la época. La meta era clara: levantar departamentos accesibles para miles de familias trabajadoras que anhelan salir del alquiler. Sin embargo, más de una década después de aquella transacción, los únicos inquilinos del lugar son los pastizales altos y el deterioro.

El fracaso es aún más amargo cuando se revisan los registros financieros de las obras que se llegaron a ejecutar. Para preparar el terreno y dotarlo de servicios, el Estado paraguayo contrató al Consorcio Defensores del Chaco. La inversión inicial presupuestada en 68.235 millones de guaraníes sufrió un reajuste que elevó el costo final a 81.737 millones de guaraníes, unos 14 millones de dólares.

Con este dinero público se construyó una infraestructura subterránea y vial envidiable para cualquier urbanización moderna: calles pavimentadas con hormigón, veredas, una imponente red de distribución de agua con reservorios de tres millones de litros, alcantarillado sanitario y avanzadas plantas de tratamiento listas para operar. Se creó, literalmente, los cimientos de una mini ciudad moderna apta para empezar a edificar las torres de departamentos de inmediato.

Hoy, la realidad golpea la vista de cualquiera que recorra la zona. El pavimento de hormigón, que costó millones, ya empieza a exhibir sus primeras grietas debido a la falta de uso y mantenimiento. Las malezas envuelven las costosas plantas de tratamiento de agua y efluentes cloacales. El proyecto, que a mediados de 2023 registraba un avance del 91% en sus obras de base y parecía estar a las puertas de su fase residencial, se frenó en seco. El actual gobierno no ha movido un solo ladrillo para los hogares prometidos a la clase media, dejando la millonaria infraestructura expuesta a la intemperie y al desgaste del tiempo.
Al ser consultado sobre este alarmante parón, el actual ministro de UrbanismoVivienda y Hábitat, Juan Carlos Baruja, desveló que el enfoque institucional ha cambiado radicalmente de rumbo.

Las familias de clase media tendrán que seguir esperando, pues las autoridades ahora planean utilizar las 17,8 hectáreas para construir la Villa Panamericana que albergará a los atletas de los Juegos Panamericanos Paraguay 2031. El plan, según Baruja, contempla que una vez finalizada la cita deportiva, las estructuras se pongan a la venta al público general. No obstante, el propio ministro reconoció que esta alternativa «está muy en pañales» y que todavía se encuentran diseñando el anteproyecto junto al Comité Olímpico Paraguayo para determinar qué tipo de edificios y cuántas habitaciones se requerirán.

Para poder financiar esta nueva idea, el Gobierno apunta a un modelo de alianza público-privada a través de un fideicomiso, similar al que pretenden implementar en un predio de la avenida Artigas. Bajo este esquema, el Estado aportará la codiciada tierra con toda la infraestructura ya instalada, mientras que una empresa constructora privada se encargará de financiar y levantar los edificios, recuperando su capital mediante la posterior comercialización de los inmuebles.

Mientras este complejo engranaje financiero y deportivo se planifica con la mirada puesta en la próxima década, la millonaria inversión realizada con los impuestos de la ciudadanía continúa bajo el agua y el olvido, esperando que el cemento aguante el avance del tiempo y la desidia.

Fuente: ABC Digital

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