Finalmente ocurrió el milagro económico del año. Aquellos famosos «pupitres de oro» comprados de China, que en su momento hicieron saltar todas las alarmas por sus llamativos precios, resultaron ser una auténtica ganga de mercado.
Así lo determinó la Unidad Anticorrupción del Ministerio Público, que con un optimismo desbordante solicitó el cierre definitivo de la causa, asegurando que aquí no hubo sobrefacturación sino una simple y costosa realidad logística.
La novela que apuntaba al director de @itaipuparaguay, Justo Zacarías Irún, por el supuesto delito de lesión de confianza, llegó a su capítulo final con un libreto digno de aplausos. Los fiscales Luis Piñánez, Luz Guerrero y Christian Benítez presentaron formalmente el pedido de desestimación ante el Juzgado, argumentando con firmeza que el Estado paraguayo no perdió un solo guaraní y que todo el escándalo fue producto de un malentendido matemático.
Para refrescar la memoria colectiva, la denuncia original fue presentada por un grupo de legisladores en marzo de 2025. Los parlamentarios, armados con calculadoras y facturas de aduana, pegaron el grito al cielo al notar que cada juego de mesa y silla pedagógica salía de las fábricas chinas costando entre 15 y 30 dólares, pero la Itaipú Binacional terminaba pagando la módica suma de 96 dólares por unidad. La sospecha de un «baño de oro» en el camino era, cuanto menos, inevitable.
Sin embargo, los peritos de la Dirección de Análisis de Información Estratégica salieron al rescate para explicar la magia detrás de las cifras. Según el informe técnico de la Fiscalía, a los muchachos denunciantes se les olvidó sumar las vueltas que da el mundo. Mover un mueble desde el otro lado del planeta, pagar los contenedores, los seguros marinos, los impuestos aduaneros, el ensamblaje local y, para colmo, distribuirlos en camiones hasta los rincones más recónditos de 1.300 escuelas paraguayas, no se hace gratis.
Haciendo los números con este combo premium que incluye el flete turístico, la Fiscalía concluyó que pagar un promedio de 752.026 guaraníes por cada uno de los 410.837 pupitres entregados es una decisión técnicamente razonable y económicamente brillante. Es más, para terminar de convencer a los incrédulos, el Ministerio Público comparó los costos con las carpinterías locales y descubrió que en el mercado nacional un mueble similar araña los 800.000 guaraníes, mientras que en el vecino Brasil las escuelas pagan mucho más por sentar a sus alumnos.
La empresa proveedora, Kamamya S.A., cumplió a rajatabla con el envío hasta la última silla, acto que fue debidamente certificado por el Ministerio de Educación y Ciencias a finales de 2025. Aunque algunos reportes periodísticos hablaban de pupitres que empezaron a tambalearse a los pocos meses de uso, para la justicia lo importante es que el inventario cierra a la perfección: se gastaron exactamente 310.670.983.444 guaraníes y se recibieron 310.670.983.444 guaraníes en plástico y metal.
Al comprobarse que por cada guaraní invertido hay un pupitre físicamente instalado, el Ministerio Público decretó que la conducta de las autoridades investigadas es absolutamente legal. No hay daño, no hay delito y, por ende, no hay causa que seguir. El caso se encamina al archivo definitivo, dejando como gran lección que los viajes ilustran, pero los fletes de China ilustran y cuestan el triple.
Fuente: ABC Digital



