Si últimamente fue al Instituto de Previsión Social por un simple dolor de panza y salió de la consulta con una orden para hacerse hasta una tomografía espacial, no se asuste: no está al borde de la muerte, solo cayó en manos de la «generación de emergencia».
El propio presidente de la previsional, Isaías Fretes, desató un verdadero terremoto sanitario al confesar sin anestesia que unos 800 médicos atienden actualmente en la institución habiendo ingresado «política ro’óre» —es decir, a puro padrinazgo partidario— y, para colmo de males, sin tener la especialización ni la formación necesarias para el cargo.
El origen de este «virus» burocrático se remonta a los días más duros de la pandemia, cuando la urgencia obligó a contratar a contrarreloj a cualquiera que supiera sostener un estetoscopio. El problema es que el apuro pasó, pero los médicos se quedaron. Y como la estabilidad laboral en el sector público es más fuerte que el sentido común, el titular del IPS admitió con resignación un drama digno de una comedia de terror: «Ya no les podemos echar». De esta manera, acudir a una consulta se ha convertido en un juego de azar donde el paciente reza para que el doctor atine al diagnóstico y el director reza para que no terminen con una demanda por mala praxis.
Esta preocupante falta de experiencia se traduce en una ingeniosa —pero costosa— técnica de supervivencia médica: ante la duda absoluta, lluvia de análisis. Si el profesional no tiene idea de qué le pasa al asegurado, lo llena de órdenes de estudios innecesarios para ganar tiempo y «derivarlo», dejando al paciente con la falsa ilusión de haber recibido una atención minuciosa, mientras las arcas y los recursos de la previsional se desangran en el proceso. En el fondo de este esquema se esconde un gran engaño propiciado por la proliferación de unas 27 facultades de Medicina no acreditadas en el país, que estafan el sacrificio de los padres y la ilusión de los jóvenes vendiéndoles títulos vacíos de contenido.
Para intentar salvar los papeles y evitar que el remedio sea peor que la enfermedad, las autoridades anunciaron un plan de contingencia que suena casi a parodia: un programa de «entrenamiento básico» para que los médicos… aprendan a ser médicos. Mientras este curso exprés intenta hacer milagros con el plantel, a los asegurados del IPS solo les queda cruzar los dedos, encomendarse a su santo de preferencia y esperar que el doctor de turno no haya faltado a clases el día que enseñaron a recetar.
Fuente: Ñanduti


