Hay ausencias que pesan en el alma, pero hay silencios que desgarran el corazón. En el patio de la familia Gallagher, en el barrio San Blas de Fuerte Olimpo, el silencio es hoy ensordecedor. Ya no hay ladridos alegres, ni pisadas apuradas que anuncien la llegada de la tarde, ni esa cola inquieta que solía ser la alegría de los niños de la cuadra.
Aquiles, un cachorro de apenas siete meses de vida, manso, dócil y lleno de una inocencia infinita, fue apagado por la crueldad humana y por el abandono histórico de una tierra lejana.
Todo comenzó la noche del miércoles a las 21:00. Aquiles, fiel y juguetón como siempre, caminaba junto al hijastro de un vecino con quien horas antes compartía juegos y travesuras. Guiado por ese cariño sincero, el cachorro traspasó el límite de un patio ajeno. Aquel gesto inocente desató la ira desmedida de Javier Cabañas, un hombre con antecedentes por hurto, quien en un acto de barbarie incomprensible tomó un arma de fuego y disparó a quemarropa contra el pequeño animal.
El proyectil quedó incrustado en el tórax de Aquiles, en el lado derecho de su diminuto cuerpo. Allí comenzó un calvario de más de 20 horas de angustia y agonía. Su dueño, el médico Giovanni Gallagher, intentó desesperadamente calmar el sufrimiento de quien consideraba un miembro más de su hogar. Le aplicó antibióticos y analgésicos con las manos temblorosas de impotencia, pero el pequeño necesitaba una cirugía urgente para retirar la bala; una operación que en cientos de kilómetros a la redonda nadie podía realizar.
La trágica odisea de Aquiles sacó a la luz una herida colectiva que sangra en todo el departamento de Alto Paraguay. En Fuerte Olimpo no existen clínicas ni médicos para animales menores; los comercios de la zona solo ofrecen insumos para el ganado. La clínica veterinaria más cercana se ubica en Loma Plata, a 350 kilómetros de distancia, lo que implica un tortuoso viaje de más de siete horas por caminos complejos. Para Aquiles, el tiempo corría en contra y el refugio de curación estaba demasiado lejos.
A las 17:00 del jueves, la llama de vida de Aquiles se extinguió para siempre. Lo hizo rodeado del llanto desconsolado de los niños de la familia y del barrio, pequeños que entre lágrimas miraban al suelo sin lograr comprender por qué la maldad humana les arrebataba a su amigo de juegos. Entre sollozos, Giovanni Gallagher cavó con dolor un pozo en el propio jardín familiar para darle un descanso digno, mientras intenta en vano responder a las preguntas de sus hijos devastados, quienes aún buscan con la mirada al compañero que ya no estará.
El dolor, sin embargo, busca transformarse en justicia. El fiscal Luis Amado Coronel, junto con agentes de la comisaría local, encabezó un allanamiento en la vivienda donde residía el sospechoso, propiedad de su concubina Gloria Salinas. Aunque el agresor logró darse a la fuga y permanece prófugo, el Ministerio Público dictó su orden de captura e imputación por crueldad animal, amparado en el artículo 68 de la Ley N.º 7513/2025, expuesto a una pena de hasta seis años de prisión. Este caso marca un hito histórico al convertirse en la primera denuncia penal por maltrato animal en todo el departamento.
Aquiles partió dejando una huella imborrable en la tierra roja del Chaco. Su recuerdo no solo pide justicia contra la barbarie de un hombre, sino que se convierte en un clamor desgarrador por los derechos de las mascotas en las comunidades más alejadas, para que el amor hacia los animales nunca más vuelva a morir por culpa del abandono y la indiferencia.
Fuente: ABC Digital




