BRUSELAS. El mapa político de la Unión Europea experimenta una metamorfosis estructural sin precedentes. Un profundo «viento de cambio» sopla desde las corrientes nacional-conservadoras y soberanistas, resquebrajando los consensos históricos de las fuerzas progresistas en el continente. El descontento socioeconómico, la crisis migratoria y el rechazo a la llamada «ecología punitiva» del Pacto Verde se han traducido en un crecimiento electoral histórico que está forzando un viraje institucional radical en Bruselas.

Esta tendencia se confirma con hechos contundentes en los principales motores económicos del bloque. En Alemania, el partido nacional-conservador Alternativa para Alemania (AfD) alcanzó un hito histórico al imponerse con el 43,8% de los votos en las elecciones estatales de Sajonia-Anhalt, mientras que en Francia las fuerzas de Marine Le Pen siguen encumbradas como las grandes favoritas, debilitando la influencia europea de Emmanuel Macron. Paralelamente, la integración de partidos de derecha dura en los Ejecutivos nacionales ya se ha normalizado en países como Italia, Países Bajos, Finlandia, Croacia, Chequia y Suecia, consolidando un bloque de gobernabilidad fuertemente identitario.

El impacto de este giro ya dinamitó el funcionamiento del Parlamento Europeo. Proyecciones recientes de la plataforma especializada Europe Elects revelaron que la tradicional coalición moderada (populares, socialistas y liberales) perdería por primera vez en la historia su mayoría absoluta en el bloque. Ante este escenario, el ala tradicional del Partido Popular Europeo (PPE) ha optado por romper el histórico «cordón sanitario» y aliarse estructuralmente con las tres grandes facciones de la derecha soberanista (Patriotas por Europa, el ECR de Giorgia Meloni, y la Europa de las Naciones Soberanas), las cuales suman una fuerza inédita de casi 200 eurodiputados.

Esta nueva «mayoría de derecha» ya impuso un cambio de rumbo drástico en las leyes del continente. El ejemplo más claro fue la aprobación del nuevo reglamento de «retornos» migratorios, donde el PPE se unió en bloque a la derecha soberanista para lograr una mayoría de 389 votos, dando luz verde a medidas severas como la detención de migrantes por hasta 24 meses y la creación de centros de deportación fuera del territorio comunitario. Al mismo tiempo, las masivas protestas agrícolas sepultaron diversas normativas ambientales para priorizar la competitividad industrial tradicional.

Incluso en escenarios de recambio como Hungría, la derrota del histórico euroescéptico Viktor Orbán ante Péter Magyar no frenó la tendencia, sino que dio paso a un «conservadurismo pragmático» que mantiene las fronteras estrictas pero cooperando tácticamente con la Unión Europea, demostrando que la derecha ha aprendido a rediseñar el futuro de Europa desde las entrañas del propio poder en Bruselas,donde se concentran la Comisión Europea (el gobierno de la UE) y el Consejo de la Unión Europea (donde se reúnen los ministros de los países miembros). También alberga la mayoría de las sesiones del Parlamento Europeo.

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