Las reservas ecológicas más valiosas de Paraguay enfrentan un enemigo devastador que avanza a pasos agigantados. Bajo la administración del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES), casi cien mil hectáreas de bosques protegidos en el Parque Nacional Paso Bravo, en el departamento de Concepción, siguen bajo el férreo control de estructuras criminales que talan la vegetación nativa para instalar cultivos masivos de marihuana y habilitar pistas de aterrizaje clandestinas destinadas al tráfico internacional de cocaína.
Esta grave problemática no representa un hecho aislado en el territorio nacional. En el Parque Nacional Caazapá, ubicado en el departamento homónimo y también bajo la tutela del MADES, se registran importantes antecedentes de incursiones contra el crimen organizado. Operativos en dicha zona protegida permitieron detectar el desmonte e incendio de decenas de hectáreas de bosque nativo, el desmantelamiento de sistemas de regadío para parcelas de cannabis y la incautación de toneladas de marihuana procesada lista para su distribución.
El rostro más reciente de esta devastación ambiental quedó al descubierto en Paso Bravo tras una incursión ejecutada por agentes de la oficina regional de Antinarcóticos de la Policía Nacional, bajo la supervisión del fiscal Arnaldo Argüello. Los uniformados se adentraron en el corazón de la reserva y hallaron un complejo campamento de procesamiento oculto bajo enormes carpas. La prisa por escapar delató la cercanía con la que actuaron los delincuentes, quienes abandonaron el sitio minutos antes dejando incluso la comida sobre el fuego.
En la guarida narco, las autoridades incautaron tres potentes prensas hidráulicas, noventa panes de marihuana listos para su comercialización, cincuenta bolsas repletas de la hierba recién cosechada y pertrechos de supervivencia. Todas las evidencias fueron decomisadas y trasladadas a la base policial de Concepción bajo estricta custodia.
Sin embargo, el daño ecológico en Paso Bravo trasciende los cultivos ilícitos. Monitoreos aéreos mediante helicópteros y drones revelaron un patrón sistemático de deforestación donde los traficantes derriban árboles centenarios para venderlos en aserraderos clandestinos o simplemente incendian grandes extensiones para despejar el suelo. A este desastre se suma el uso del parque como puente aéreo del crimen organizado: en los últimos años se identificaron más de veinte pistas ilegales utilizadas por pequeñas aeronaves que transportan cocaína desde Bolivia. Pese a que operaciones de la fuerza pública lograron inhabilitar quince de estas franjas con explosivos, pobladores de la zona denuncian que las avionetas continúan sobrevolando el área, demostrando que las redes criminales se resisten a abandonar su refugio en el norte del país.
Fuente: ABCDigital /LaNacionPy





