Dice el refrán popular que una imagen vale más que mil palabras, pero en el sistema penitenciario de nuestro país, cincuenta fotografías valen por lo menos un dolor de cabeza monumental para el Ministerio de Justicia.
Una nueva tanda de postales carcelarias salidas directamente de los penales de Concepción, Villarrica, San Pedro y Coronel Oviedo ha venido a aguar la fiesta del discurso oficial de la «tolerancia cero».
Mientras desde los despachos gubernamentales se habla con orgullo patriótico sobre haber recuperado el control absoluto de las cárceles, la cruda realidad prefiere vestirse de somier de dos plazas, televisores plasma y comodidades que cualquier ciudadano trabajador envidiaría tras una larga jornada laboral.
El tsunami de evidencia fue puesto bajo el reflector por radio 1080 AM, dejando al descubierto que el turismo de lujo carcelario goza de una salud envidiable. Lo más pintoresco de la situación fue la reacción del propio ministro de Justicia, Rodrigo Nicora, quien al ser consultado sobre el origen y la fecha exacta de las fotografías, tuvo que apelar a una honestidad brutal: reconoció la veracidad de los lujos, pero admitió que no tenía la más pálida idea de cuándo fueron tomadas. Al parecer, en el cronograma penitenciario, los detalles del confort hotelero para criminales de alto perfil —como el célebre líder narcotraficante Miguel Servín, alias «Miguel Celular», o el exdirigente deportivo Ramón González Daher— se manejan con una maravillosa elasticidad temporal.
Ante el evidente bochorno, la respuesta oficial consistió en recordar que el Gobierno está remando con fuerza para abandonar el «sistema antiguo, precario y corrupto» hacia un flamante «nuevo modelo de gestión». Es innegable que se han hecho esfuerzos mediáticos y reales, como el recordado Operativo Veneratio en Tacumbú, que desmanteló el imperio del Clan Rotela, o el traslado de peligrosos reclusos a las cárceles de máxima seguridad en Emboscada y Minga Guazú. Sin embargo, por más operativos con nombres épicos que se diseñen, la ingeniería de la corrupción casera parece tener siempre una respuesta creativa, logrando colar smartphones, electrodomésticos y amenidades que rompen cualquier protocolo de austeridad carcelaria.
Con una sinceridad casi enternecedora, el ministro Nicora terminó admitiendo que, con 19 centros penitenciarios a su cargo, pretender solucionar el cien por ciento de las avivadas es una misión prácticamente imposible, aunque insistió en que la famosa «soberanía» sigue en pie. A estas alturas, queda claro que mientras las comisiones investigadoras se forman, deliberan y labran actas de compromiso con los directores de los penales, los muchachos tras las rejas siguen disfrutando del aire acondicionado. El Gobierno asegura que los somieres y los televisores grandes ya pasaron a la historia en los últimos días tras las intervenciones en Coronel Oviedo, pero la ciudadanía no puede evitar preguntarse con una sonrisa irónica: ¿cuánto tiempo pasará antes de que la próxima filtración nos muestre el nuevo catálogo de primavera-verano del confort penitenciario paraguayo?
Fuente: Ultima Hora





