Comisarios de la Policía Nacional han manifestado a nuestro medio, bajo estricta reserva de sus identidades, una profunda preocupación por las alarmantes condiciones en las que están egresando las nuevas promociones de los denominados «suboficiales express».
Esta modalidad, impulsada recientemente bajo el argumento de aumentar rápidamente la dotación en las calles, redujo el periodo tradicional de preparación de dos años a tan solo ocho meses de formación intensiva. Según las fuentes consultadas, la masificación de estos cursos y el apuro institucional han provocado que una cantidad considerable de suboficiales jóvenes se incorporen a las filas activas arrastrando severos problemas de adicción a las drogas y trastornos psicológicos.
Los jefes policiales sospechan firmemente que las evaluaciones psicotécnicas y los análisis toxicológicos de laboratorio obligatorios para el ingreso no fueron realizados con el rigor necesario, o que, en el peor de los casos, los resultados desfavorables fueron deliberadamente ignorados para cumplir con las cuotas exigidas. La sospecha apunta a posibles órdenes provenientes de esferas superiores interesadas en inflar las estadísticas de nuevos agentes o, incluso, a la existencia de incentivos económicos y sobornos para dejar pasar a postulantes no aptos. Para los denunciantes, debilitar el filtro de selección inicial representa un peligro inminente tanto para la seguridad de la ciudadanía como para la integridad de la propia institución.
El temor principal de un sector de la cúpula policial es que a corto plazo se multipliquen incidentes graves que dejen en evidencia la falta de estabilidad mental y disciplina de los uniformados. Las advertencias no son hipotéticas y encuentran un preocupante precedente en el caso del suboficial ayudante de 21 años que fue filmado por cámaras de seguridad en la zona del Mercado 4 mientras preparaba y fumaba un cigarrillo de marihuana sobre su motocicleta en plena guardia y vistiendo el uniforme oficial. Para colmo de males, en el transcurso de los procedimientos legales y declaraciones por este hecho, el mismo agente hurtó una computadora portátil de la propia sede policial, la cual intentó ocultar en un basurero. Los comisarios insisten en que este lamentable episodio es solo la punta del iceberg de una crisis estructural que requiere una revisión urgente de los procesos de admisión.



