Tras meses de amagues, críticas despiadadas y acusaciones de estar «vendiendo humo», la nueva administración del Instituto de Previsión Social, comandada por Isaías Fretes, finalmente debutó en las canchas de la Fiscalía.
Pero no se imagine un megafraude financiero digno de película de Hollywood; no, señoras y señores. El debut en el ámbito penal de la previsional ha sido, nada más y nada menos, que por el escurridizo robo de cables de alta tensión. Unos 111 metros de cobre, valuados en la respetable pero modesta suma de 15.000 dólares (unos 90 millones de guaraníes), que de la noche a la mañana se esfumaron del propio depósito de mantenimiento del mismísimo Hospital Central. El cobre hoy cotiza alto, pero que se te evapore de tu propio patio ya roza la magia profesional.
Para las autoridades de la previsional, este «pequeño» faltante de cableado de alta tensión es apenas un aperitivo de lo que se viene cocinando en las oficinas de control. El director jurídico de la institución se encargó de ponerle misterio al asunto asegurando con tono solemne que esto es tan solo «la punta del iceberg». Y es que las presiones no son pocas: la cabeza del titular Isaías Fretes ya venía siendo blanco de dardos por su aparente timidez a la hora de formalizar los papeles ante la justicia, al punto de que exasesores ya lo tildaban de inactivo. Con esta movida, el IPS parece querer demostrar que, aunque sea de a metros de cable por vez, están listos para empezar a morder en los tribunales.
Por supuesto, en los pasillos de la institución no falta quien mire el vaso medio vacío o sospeche de la enorme casualidad temporal del trámite. Mientras la Fiscalía Barrial N° 7 de Asunción empieza a rascarse la cabeza buscando descifrar cómo se sacan disimuladamente más de cien metros de pesado metal blindado de un área que se supone resguardada, los asegurados siguen haciendo malabares diarios para conseguir un turno o encontrar un medicamento básico en las farmacias. Para ellos, que los cables desaparezcan es casi un detalle menor en un hospital donde lo que más falta es, irónicamente, corriente de buena gestión.
«No pasa por la cuantía, pasa por el hecho. Estamos obligados a actuar», señalaron desde el equipo jurídico del IPS, defendiéndose de quienes miran de reojo el monto frente a los descomunales agujeros financieros que arrastra la entidad en proyectos inconclusos (como aquella subestación que costó una fortuna y jamás funcionó porque olvidaron pedir permiso para pasar la línea por el Banco Central).
Con unas treinta auditorías internas todavía en el horno y la promesa de que la previsional no se va a dejar apurar por las críticas ni por las presiones políticas, este caso de los cables promete ser el primer capítulo de una larga y tragicómica saga judicial. Habrá que ver si la Fiscalía logra dar con los audaces electricistas de lo ajeno o si, como suele pasar con las líneas de transmisión en el IPS, la investigación termina quedándose sin energía a mitad de camino.
Fuente: ABC Digital



