A la Policía Nacional no le da tregua ni el mismísimo clima, o al menos eso parece tras el accidentado estreno de su flamante y millonaria sede de la Comandancia. Cuando todavía no terminaban de desarmarse las cajas de la mudanza, un ventarrón con ínfulas de comisario general decidió hacer una auditoría sorpresa a la infraestructura, dejando un saldo que roza la comedia de enredos.
Los fuertes vientos que azotaron la zona no tuvieron reparos en desprender, de cuajo y sin orden judicial, gran parte del cielo raso de la mismísima oficina del Comandante.
Ahora, el jefe policial no solo debe cuidarse de las críticas, sino también de no recibir un panel de yeso directamente sobre la gorra mientras atiende sus asuntos oficiales.
Por si el techo volador no fuera suficiente para enfriar los ánimos, las cañerías del moderno edificio decidieron sumarse al boicot y colapsaron por completo, transformando los pasillos en improvisados canales navegables dignos de Venecia. Varias oficinas terminaron inundadas, obligando a los uniformados a cambiar temporalmente las botas de combate por las de lluvia y a archivar expedientes en modalidad subacuática. Este bautismo de agua y viento llega justo en medio de una encendida polémica que mantiene los ánimos caldeados en la fuerza: un numeroso grupo de comisarios retirados venía pegando el grito en el cielo por esta mudanza, argumentando con nostalgia y suspicacia que dejar la histórica y emblemática sede central es un error imperdonable. Con los pasillos inundados y el techo descapotable, los veteranos ya no solo reclaman respeto a la tradición, sino que ahora, entre risas y café, murmuran con ironía que al menos el viejo edificio aguantaba las tormentas sin necesidad de salvavidas. Mientras tanto, en la nueva casa policial, se busca intensamente un culpable, aunque por ahora el único sospechoso con pedido de captura sigue siendo el viento.
Fuente: Megacadena


