El estruendo de la pólvora quebró la rutina burocrática del Palacio de Justicia de Luque en un segundo de terror. Tres detonaciones consecutivas convirtieron las escaleras exteriores de la sede judicial en el escenario de un intento de homicidio que oculta, detrás de sus casquillos de bala, un desgarrador drama familiar y una alarmante brecha de seguridad estatal.  

Eran cerca de las nueve de la mañana de este jueves cuando Johana Gómez, una mujer de 30 años, caminaba por el patio del Juzgado Penal de Garantías en el barrio Primavera. En su pecho sostenía con fuerza a su bebé, un escudo de aparente calma que camuflaba una tormenta de ira e impotencia. A pocos pasos de ella se encontraba su exmarido, David Monges Orellana, de 35 años. Segundos antes, ambos habían salido de una tensa audiencia judicial destinada a resolver un pleito por prestación alimentaria.

La aparente formalidad del trámite, sin embargo, no fue suficiente para contener el resentimiento acumulado durante años. Sin mediar palabras adicionales, mientras Monges le daba la espalda con la intención de retirarse y abandonar el recinto judicial, Johana tomó una decisión extrema. Con el bebé aún aferrado a su cuerpo, extrajo un arma de fuego que traía oculta y apuntó directamente al hombre. El sonido de los disparos retumbó con violencia en el predio, desatando el pánico entre los abogados, funcionarios y ciudadanos que a esa hora realizaban gestiones habituales.

El instinto de supervivencia salvó a Monges. Al escuchar el primer estampido, se agachó con rapidez y logró esquivar milagrosamente los proyectiles, que terminaron impactando contra el suelo de cemento. Ninguna de las balas tocó su cuerpo, pero la frialdad de la escena quedó grabada con nitidez en las cámaras de seguridad del Palacio: una madre disparando a matar a plena luz del día con una criatura en brazos.

La rápida reacción de un oficial de policía y un abogado que presenciaron el ataque evitó una tragedia mayor. Ambos se abalanzaron sobre la agresora, logrando desarmarla y reducirla en las escaleras del edificio antes de que pudiera recargar o intentar un cuarto disparo. Johana fue arrestada inmediatamente por agentes de la Comisaría 3° de Luque, quedando a disposición del Ministerio Público 

«¿Cómo entró un arma acá? Ella tenía un bebé en brazos y nadie se dio cuenta. No entiendo los controles de este lugar», cuestionó Monges poco después del ataque, visiblemente conmocionado por la facilidad con la que su vida estuvo a punto de terminar dentro de una sede que teóricamente debe garantizar el orden y la seguridad ciudadana.

Sin embargo, la historia detrás del atentado desborda los límites de un simple ataque de celos o un desacuerdo financiero. Mientras era trasladada bajo custodia policial, deshecha en lágrimas y sin el bebé que la acompañaba —ahora bajo resguardo de familiares—, Johana rompió el silencio con declaraciones desgarradoras. Entre sollozos, justificó su violenta reacción asegurando que actuó movilizada por la desesperación ante una supuesta impunidad. Denunció públicamente que sus 3 hijas viven atemorizadas y que habían sido víctimas de abuso sexual por parte de Monges.  

La propia Policía confirmó posteriormente que el hombre atacado cuenta con antecedentes penales y estuvo recluido en prisión por una causa anterior relacionada con el presunto abuso sexual de menores, de la cual, según su versión, había recuperado su libertad tras ser declarado inocente. 

Este trasfondo judicial añade un matiz perturbador al caso, transformando el tiroteo de Luque en un dramático recordatorio de los límites a los que puede llegar la desesperación de una madre cuando siente que los mecanismos de la ley le han dado la espalda. Las investigaciones continúan ahora en dos frentes: el intento de homicidio y la facilidad con la que una persona armada logró burlar los controles. 

Fuente: ABC Digital

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