ASUNCIÓN.— Lo que nació como una revolución médica para pacientes con diabetes tipo 2 se ha transformado en Paraguay en una de las minas de oro comerciales más lucrativas y polémicas de la industria farmacéutica reciente. El fenómeno de la tirzepatida, comercializado bajo la bandera de la salud pública, esconde detrás un engranaje de vacíos legales, producción masiva y un mercado impulsado por la pérdida de peso que hoy mueve decenas de millones de dólares al año.

El «esquema» de la patente libre. A diferencia de los mercados de Europa o Estados Unidos, donde la multinacional Eli Lilly (creadora de Mounjaro y Zepbound) protege celosamente su propiedad intelectual, en Paraguay la historia fue distinta. La multinacional no registró la patente a tiempo en el territorio nacional.

Esta omisión abrió las puertas de par en par para que los gigantes de la industria farmacéutica local activaran sus laboratorios y lanzaran réplicas genéricas propias. Cinco laboratorios nacionales tomaron el control absoluto del mercado paraguayo:

Laboratorios Éticos (de la poderosa familia Scavone), comercializando Lipoless.

Laboratorios Catedral (liderado por el empresario Óscar Vicente Scavone), con su marca Tirzedral.

Indufar CISA, con T.G.Quimfa S.A., con Tirzec.

Landerlan, completando el bloque local de distribución masiva.

Al no pagar millonarias regalías a una multinacional extranjera y poseer una red de distribución ya instalada, las ganancias netas para estos laboratorios se volvieron exponenciales, abasteciendo no solo el consumo interno sino también atrayendo una fuerte demanda de compradores fronterizos.

Diabetes como escudo, estética como motor. El verdadero núcleo de la controversia radica en cómo se comercializa y receta el producto. Legalmente, la tirzepatida ingresó al país respaldada por la Ley Nº 5372 de Prevención de la Diabetes, vigente desde el 2014. Esta normativa otorga una exoneración total del IVA (0%) a los medicamentos de uso permanente para diabéticos con el fin de proteger la accesibilidad económica del paciente crónico.

Sin embargo, en los consultorios y farmacias locales el panorama real es radicalmente opuesto. Si bien la diabetes es el fin médico declarado, un porcentaje abrumador de las recetas y ventas se destina a personas que buscan estrictamente bajar de peso por motivos estéticos, desvirtuando por completo el propósito solidario de la ley. Médicos, clínicas de estética y redes sociales impulsan una demanda insaciable del fármaco como la «solución mágica» contra la balanza, permitiendo que consumidores de altos ingresos se beneficien de un subsidio impositivo pensado originalmente para la salud de los más vulnerables.

La pulseada fiscal: ¿Un millonario agujero impositivo?. Esta desnaturalización del mercado encendió las alarmas de la Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT). Las autoridades impositivas identificaron que el Estado paraguayo está dejando de recaudar entre USD 20 y 30 millones anuales debido a que un producto consumido mayoritariamente por estética sigue tributando bajo la tasa cero de la diabetes. El Gobierno busca aplicar un IVA del 5% para recortar esta fuga.

Por el otro lado, la Cámara de la Industria Química Farmacéutica (Cifarma) y varios sectores del Congreso defienden el statu quo, argumentando que la obesidad también debe considerarse una enfermedad crónica y que aplicar un impuesto perjudicaría al eslabón más débil.

Mientras el debate legal continúa congelado en el Senado bajo la promesa de «no golpear el bolsillo ciudadano», las cajas registradoras de los laboratorios locales no paran de sonar. Detrás del noble discurso de la salud y el acceso a medicamentos, la tirzepatida en Paraguay se ha consolidado como lo que realmente es para las corporaciones: un negocio multimillonario, redondo y, sobre todo, libre de impuestos.

Shares:

Deja un comentario