Cuando una sola empresa privada administra silenciosamente la infraestructura informática por la que fluyen los datos médicos, la energía eléctrica y los fondos de millones de paraguayos, el negocio deja de ser un simple acuerdo comercial para convertirse en un delicado asunto de seguridad nacional.
Un informe confidencial de más de cien páginas revela el hermético entramado de Softshop S.A., la compañía que hoy custodia la información más sensible de las principales instituciones públicas de nuestro país.
A diferencia de las corporaciones tecnológicas globales, regidas por directorios abiertos y controles externos, Softshop opera bajo una estructura de absoluto hermetismo. Fundada en 1998, la firma concentra el 87% de sus acciones y el control absoluto en una sola persona: su presidente, Juan Bautista Cazenave Cardús. El porcentaje restante y los cargos directivos clave se reparten exclusivamente entre su esposa, Carmen de la Luz Serratti, y sus hijos, manteniendo las decisiones más críticas del Estado dentro de un restringido entorno familiar.
El impacto real de esta centralización se mide en cifras astronómicas. Según los registros de la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas la empresa familiar acumula adjudicaciones históricas superiores a los 205.111 millones de guaraníes. Sus sistemas informáticos sostienen hoy la operatividad del Instituto de Previsión Social —actualmente sumergido en recurrentes crisis de gestión—, la Administración Nacional de Electricidad y el Banco Nacional de Fomento, abriendo un debate urgente sobre el riesgo de que servicios públicos vitales dependan de un monopolio corporativo tan cerrado.
Pero el imperio de los Cazenave no termina en su firma principal. La investigación expone una compleja «telaraña empresarial» integrada por al menos nueve sociedades satélites (entre ellas Volemos SRL, Macro Soluciones y Bienes Raíces Cielo Azul) que comparten directores, recursos y un mismo domicilio fiscal en un céntrico edificio de Asunción. En el corazón de esta red se destaca Horizonte SRL, desarrolladora de un software bancario que ya ha facturado silenciosamente cerca de 1.000 millones de guaraníes a entidades financieras del Estado, encendiendo alarmas sobre posibles incompatibilidades, la triangulación de contratos y la llamativa disparidad entre las millonarias sumas adjudicadas y los reducidos niveles de importación directa que registra el clan.
Fuente: Tribuna Paraguay



