Las redes sociales han vuelto a convertirse en el termómetro de la indignación futbolística, esta vez apuntando directamente a la estrella de la selección inglesa y del Real Madrid, Jude Bellingham.

Aficionados y analistas de todo el mundo han expuesto el caso que se dió en el reciente empate sin goles entre Inglaterra y Ghana. Según las denuncias que circulan con fuerza en plataformas como X (antes Twitter) e Instagram, el mediocampista británico se tapó la boca deliberadamente para lanzarle un comentario al ghanés Jordan Ayew, una acción que para muchos roza la conducta antideportiva o el insulto verbal. Lo que más ha encendido el debate no es solo el gesto en sí, sino la aparente inacción del cuerpo arbitral y del VAR, que decidieron no advertir la situación ni sancionar al jugador de los Three Lions.

El contexto de esta indignación colectiva no nace de la nada, sino de un evidente fastidio por la supuesta falta de un criterio unificado en el fútbol internacional. Recientemente, el extremo paraguayo Miguel Almirón —figura de la selección albirroja— fue expulsado de manera directa y recibió una suspensión de un partido tras verse involucrado en un incidente de intensidad similar, lo que demuestra que los árbitros suelen ser implacables ante la más mínima sospecha de faltas de respeto o agresiones verbales. 

El protocolo del VAR establece claramente que el videoarbitraje puede intervenir en casos de tarjeta roja directa por conducta violenta o lenguaje ofensivo e insultante. Sin embargo, la impunidad con la que parece haber salido «Hey Jude» ha reactivado el viejo debate sobre si el estatus de «superestrella» de ciertos futbolistas influye en las decisiones de los jueces. Mientras la FIFA y la International Board (IFAB) siguen promoviendo campañas por el juego limpio y el respeto en la cancha, los fanáticos exigen explicaciones de por qué las reglas parecen aplicarse con rigor para algunos y con una llamativa vista gorda para otros.

Shares:

Deja un comentario