Un grave accidente de tránsito registrado en la tarde del pasado martes en el kilómetro 72 del tramo Concepción–Vallemí, sobre la Ruta PY22, ha vuelto a poner sobre la mesa el preocupante estado de la infraestructura vial de la región.
El siniestro consistió en un fuerte choque frontal entre dos tractocamiones de gran porte, dejando como saldo a uno de los conductores con lesiones de consideración y cuantiosos daños materiales en ambas estructuras vehiculares. De acuerdo con las imágenes de video captadas en la zona y los reportes preliminares, la colisión habría sido provocada de forma directa por la presencia de un pronunciado bache sobre la calzada asfáltica, el cual obligó a realizar una maniobra repentina de desvío que desencadenó la pérdida de control y el consecuente impacto contra el camión que circulaba en sentido opuesto.
Este preocupante episodio no constituye un hecho aislado, sino que se enmarca en una problemática recurrente que afecta de manera crítica al tramo que une Concepción con Vallemí y San Lázaro. Esta ruta de 170 kilómetros, estratégica para el flujo logístico del norte del país debido al transporte continuo de cemento, cal y materiales pesados, es descrita constantemente por transportistas y pobladores como una trampa mortal debido a la profusión de cráteres en el pavimento. Conductor tras conductor se ve obligado diariamente a invadir el carril contrario o a desviarse hacia las banquinas degradadas para salvaguardar sus vehículos de severas roturas mecánicas o de la destrucción de neumáticos, elevando de forma exponencial la probabilidad de accidentes frontales o vuelcos fatales en maniobras de emergencia.
A nivel país, las consecuencias de la falta de mantenimiento estructural de las rutas nacionales se reflejan de manera dramática en las estadísticas oficiales de siniestralidad vial. El Boletín Estadístico del Observatorio de la Autoridad Nacional de Tránsito y Seguridad Vial (ANTSV) y los reportes de la Patrulla Caminera coinciden en situar el mal estado de la capa asfáltica, los pozos de gran tamaño y la carencia de señalización óptima como causantes clave de cientos de siniestros y fallecimientos anuales.
Otras arterias viales sumamente transitadas, como la ruta PY08 en el departamento de San Pedro, han llegado a ser denominadas por la ciudadanía como «rutas de la muerte» debido a la proliferación de baches profundos que han provocado colisiones fatales masivas. Aunque el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones efectúa de manera intermitente tareas de bacheo de emergencia, la precariedad de las reparaciones parciales y el sobrepeso de los transportes pesados terminan por destruir el asfalto en cuestión de semanas, dejando a los usuarios de las carreteras expuestos a un peligro constante e inaceptable.
Fuente: Concepción al Día (FB) / Punto Limite (FB)


