ASUNCIÓN. El exgobernador del Departamento Central, Hugo Javier González, se encuentra internado en estado crítico y bajo coma inducido en el Hospital Nacional de Itauguá. Aunque la versión oficial de las autoridades penitenciarias apunta a un presunto desvanecimiento por accidente cerebrovascular (ACV) y una posterior caída en el baño de su celda, el panorama médico y las sospechas ciudadanas sugieren un trasfondo mucho más oscuro: una brutal golpiza que se busca hacer pasar por accidente.
La gravedad de las lesiones —que incluyen un severo traumatismo craneoencefálico, hematomas bilaterales en los ojos y múltiples heridas faciales— ha hecho que los médicos califiquen de «raro» que semejante daño provenga de un simple resbalón en el sanitario. En medio de este alarmante escenario, cobra fuerza una hipótesis que la justicia paraguaya parece ignorar deliberadamente: la quema de archivos operada desde la clandestinidad.
El «Cerebro» prófugo y las verdades que Hugo Javier iba a revelar A diferencia del exgobernador —quien se entregó a las autoridades en el Departamento de Judiciales de la Policía Nacional para cumplir su condena de 10 años de cárcel por lesión de confianza—, su exjefe de Gabinete, Miguel Ángel Robles Ibarra, ha optado por mantenerse en la clandestinidad.
Sobre Robles pesa hoy una orden de captura vigente y ratificada por un Tribunal de Apelación para su remisión inmediata a prisión. Además, el Juzgado de Ejecución emitió una intimación formal para que se entregue; de lo contrario, la justicia procederá a ejecutar una fianza millonaria que afectará directamente a los inmuebles registrados a su nombre en diversas partes del país.
Robles fue considerado por el propio Tribunal de Sentencia como el auténtico ideólogo, instigador y cerebro del esquema delictivo que desvió más de G. 5.105 millones de fondos de emergencia por el COVID-19. El propio Hugo Javier González se encargó de dejar esto en claro. En reiteradas entrevistas públicas previas a su encierro, el exanimador de televisión insistió en que él no tocó el dinero de la Gobernación y que Robles fue el principal artífice y ejecutor de toda la ingeniería financiera fraudulenta que terminó destruyendo su administración.
Con Hugo Javier tras las rejas y sin nada más que perder, su testimonio ante la justicia se convertía en una bomba de tiempo para los verdaderos culpables que siguen libres.
Una teoría que nadie se atreve a investigar. A pesar de la lógica criminal, ninguna línea de investigación fiscal o policial está apuntando hoy al entorno de Miguel Robles. Mientras el Ministerio de Justicia intenta calmar las aguas difundiendo grabaciones de circuito cerrado, criminólogos independientes y sectores de la opinión pública advierten que un ataque por encargo calza perfectamente con el actual contexto.
¿Pudo el prófugo Miguel Robles ordenar este atentado desde las sombras para asegurar el silencio definitivo de Hugo Javier antes de que este empezara a negociar con la Fiscalía?. Los hematomas faciales deluden la hipótesis de un simple golpe casual. Mientras la vida del exgobernador pende de un hilo en terapia intensiva, el temor de sus allegados se confirma: el ensañamiento no parece ser por la plata, sino por el miedo a lo que el exgobernador pudiera decir ante los tribunales.


