La Cámara de Diputados se convirtió en el escenario de un fuerte posicionamiento político frente al Senado, luego de que legisladores del oficialismo rechazaran de manera institucional y categórica las descalificaciones emitidas por el senador Silvio «Beto» Ovelar.

El conflicto se desató tras la decisión de la Cámara Baja de postergar el tratamiento de un crédito internacional de USD 75 millones destinado a obras viales, medida que motivó duras declaraciones de Ovelar, quien calificó a los diputados de «borrachos de poder» y sugirió «alteraciones de testosterona» en dicho cuerpo legislativo.

En respuesta a estos agravios, los diputados Alejandro Aguilera y Hugo Meza utilizaron ironías basadas en el pasado deportivo de Ovelar como guardameta para responder a los cuestionamientos, señalando que el senador incurrió en una «salida en falso» —asimilable a la de un arquero de campaña— y que sus declaraciones solo buscaron enturbiar el proceso legislativo por meros celos políticos.  Meza fue más allá y dijo que Ovelar como arquero que es le gusta «atajar las bolas».

Este cruce de declaraciones evidencia una profunda tensión interna dentro del bloque oficialista y expone una disputa por la autonomía de las cámaras. Los legisladores de la Cámara Baja recalcaron que la institución no funciona como una secretaría de conveniencia para el Senado, exigiendo un análisis pormenorizado, transparente y departamento por departamento del proyecto vial junto al Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones antes de proceder a cualquier aprobación.

Con este planteamiento, la Cámara de Diputados buscó sentar un precedente de independencia, rechazando de forma unánime los intentos de presión externa y los discursos despectivos provenientes de la Cámara Alta, al tiempo que ratificaron su prerrogativa constitucional de legislar sin tutelajes ni condicionamientos políticos. Finalmente el proyecto fue sancionado y pasó al Poder Ejecutivo.

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