Jeova Leandro Da Silva dedicó su vida entera al trabajo de la tierra. A sus 80 años, cuando debería estar disfrutando del merecido descanso y la paz del hogar que construyó con el sudor de su frente, este productor agrícola se encuentra atrapado en una pesadilla legal que amenaza con arrebatarle todo. Su calvario no nace de una imprudencia ni de una deuda impaga, sino de una maniobra oscura que hoy lo tiene al borde de perder su propia casa.

Todo comenzó en marzo de 2015. Con la honestidad de quien honra sus compromisos antes de tiempo, Jeova pagó por adelantado una deuda de USD 35.780 por insumos de trabajo a la empresa Nativa de Negocios S.A. Con el recibo oficial de cancelación total del Pagaré N.º 0001627 en mano, el hombre volvió a su parcela con la tranquilidad del deber cumplido. Sin embargo, a sus espaldas, ese mismo documento fue endosado a favor de otra firma, Credi Merco S.A., iniciando un juicio ejecutivo para volver a cobrarle por un dinero que ya había salido de sus bolsillos.

A lo largo de los años, el reclamo inicial se convirtió en una bola de nieve implacable que, entre intereses acumulados y resoluciones contrapuestas, escaló a la escalofriante cifra de USD 116.000. Aunque una jueza de primera instancia reconoció inicialmente el pago y, más recientemente, el Juzgado de Itakyry declaró oficialmente extinguida la deuda confirmando que Jeova actuó de buena fe y advirtiendo que la ley no puede amparar un cobro doble ni un enriquecimiento ilícito, los laberintos del sistema judicial le siguen jugando en contra.

Actualmente, sobre la cabeza de Jeova pende una orden de ejecución proveniente de otro juzgado en Minga Porã que mantiene firme la amenaza de rematar su propiedad. El grito de auxilio del octogenario ya llegó hasta la Comisión Especial que investiga la denominada Mafia de los Pagarés y se solicitó una auditoría urgente ante la Corte Suprema de Justicia, pero las respuestas no llegan y el tiempo se agota. Entre expedientes fríos y giros insólitos en los tribunales, un anciano camina cada día con el corazón en la boca, luchando con uñas y dientes para que no le despojen del techo que con tanto esfuerzo logró defender.

 

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