La Conferencia Episcopal Paraguaya tomó la iniciativa y convocó al presidente Santiago Peña a una reunión de alta relevancia institucional en el Seminario Metropolitano. En una mesa donde también estuvieron presentes el vicepresidente Pedro Alliana y varios de los principales ministros del Gabinete, la cúpula de la Iglesia católica puso sin rodeos sobre el tapete los problemas más urgentes y dolorosos que aquejan a la ciudadanía.

El punto de mayor alarma en la agenda gira en torno a la crítica situación del Instituto de Previsión Social. Para los obispos, la previsional se encuentra prácticamente al borde de la bancarrota y requiere un respaldo firme e inmediato para evitar un descalabro de proporciones impredecibles. «Imagínense si eso quiebra, será una tragedia nacional», advirtió sin tapujos uno de los pastores presentes, sintetizando la angustia por el futuro de la salud y los fondos de jubilación de miles de paraguayos.

A la delicada realidad del IPS se suma la inquietud eclesial por la corrupción pública, un mal persistente que no cede pese a los discursos oficiales. Asimismo, los obispos hicieron foco en la dura crisis que golpea al campo: la falta de empleo digno para la juventud rural, un sector vulnerable que, en su afán por superarse, muchas veces termina siendo víctima de ofertas engañosas en la educación superior.

El encuentro, que reunió a las máximas autoridades de la Iglesia —encabezadas por el presidente de la CEP, monseñor Pedro Jubinville, el cardenal Adalberto Martínez y monseñor Ricardo Valenzuela— junto a secretarios de Estado como Enrique Riera, Tadeo Rojas, Juan Carlos Baruja y María Teresa Barán, concluyó con la promesa de una declaración conjunta que marcará postura ante los desafíos sociales que enfrenta el país.

Fuente: ABCDigital

 

 

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