El ministro de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Víctor Ríos, rompió el silencio y confirmó de forma tajante poseer información fidedigna sobre las conversaciones y sondeos de sectores políticos vinculados al oficialismo («cartismo») que planean su destitución. El complot, según reveló, también apunta a descabezar a los ministros Manuel Ramírez Candia y Gustavo Santander, identificados habitualmente como el ala independiente dentro del máximo tribunal.

El desafío institucional: «Será peor para ellos, yo volveré al Senado». Lejos de mostrarse intimidado, Ríos minimizó el impacto personal de la maniobra y lanzó una dura advertencia política a quienes impulsan el operativo de copamiento judicial. Aunque reconoció que si las facciones del oficialismo avanzan con el plan lo harían bajo el amparo de la «atribución legal» de mayorías que posee el Poder Legislativo, aseguró que la jugada terminará resultando contraproducente para los propios mentores del juicio político.

«Si me echan, será peor para ellos porque yo volveré al Senado», sentenció el magistrado, recordando su procedencia parlamentaria y el arrastre político con el que cuenta. Reafirmando su postura doctrinaria e institucional de no ceder ante las presiones de las cámaras partidarias, remató ratificando que se mantendrá firme y con sus convicciones intactas frente a la amenaza de remoción.

El frente unido de los tres ministros apuntados. El alto magistrado reveló además que el supuesto plan de destitución ya fue objeto de debate interno entre los tres miembros de la Corte señalados por el Congreso. Tras compartir la información recibida directamente por parte de miembros del Legislativo, Ríos confirmó que él, Santander y Ramírez Candia conversaron sobre el escenario y acordaron una postura monolítica: no cambiarán en absoluto su línea jurídica ni su forma de trabajo de cara a los expedientes en curso.

A modo de blindaje moral sobre el desempeño del trío, defendió la integridad de sus colegas calificándolos de «tremendamente honestos». Asimismo, desmitificó cualquier interferencia directa consumada en los fallos recientes, aclarando explícitamente que en ninguna de las causas sensibles que les tocó resolver o votar recibieron pedidos, llamadas o exigencias para direccionar sus votos en tal o cual sentido.

Con esto, Ríos dejó en claro que la intención de removerlos no responde a un «mal desempeño», sino a la incomodidad política que genera una terna que se niega a someterse al poder de turno.

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