Si algo sabe hacer la política paraguaya con absoluta maestría, es convertir el Presupuesto General de la Nación en un gigantesco Papá Noel fuera de temporada. Esta vez, el encargado de ponerse el traje rojo fue el presidente del Senado, Basilio “Bachi” Núñez, quien sacó de su galera una jugada perfecta para asegurar lealtades en Asunción: nombró como funcionario permanente de la Cámara Alta a Juan Alberto Radice Schmidbauer, un leal operador del senador cartista Natalicio Chase y, por si fuera poco, papá del flamante candidato a concejal capitalino, Jorge Sebastián Radice.

La jugada administrativa fue impecable en los papeles, pero con un aroma indiscutible a tufo electoral. Primero, allá por octubre de 2025, Bachi firmó la Resolución Nº 659 para acomodar al señor Radice como Jefe de Sección de Cooperación Internacionales, asignándole un modesto sueldo inicial de 7.150.000 guaraníes. Pero como la lealtad en política se paga al contado y con aumento, en marzo de 2026 el mandamás del Senado estampó su firma en la Resolución Nº 1.962, otorgándole el codiciado sello de «funcionario permanente» y elevando su mesada a unos apetitosos 10.850.000 guaraníes mensuales. ¡Nada mal para empezar el año legislativo con el pie derecho!

Lo más cómico e irónico de este idilio burocrático es que el propio Bachi Núñez había firmado con bombos y platillos, en julio de 2025, la Resolución Nº 340 para implementar el famoso Modelo Estándar de Control Interno (MECIP). Aquella norma prometía con la mano en el corazón que los ingresos y ascensos en el Congreso se harían con total transparencia, basándose estrictamente en el mérito y la capacidad técnica. Sin embargo, a la hora de la verdad, las reglas de la meritocracia parecieron quedar archivadas en el cajón de los recuerdos. En su lugar, la Presidencia desempolvó el cómodo artículo 200 de la Constitución Nacional para recordar que cada Cámara nombra a sus empleados como mejor le parezca.

Pero la historia de la familia Radice no empezó ayer ni mucho menos en las filas del cartismo. Como es clásico en la fauna política local, el camaleonismo es una virtud altamente cotizada. En los viejos tiempos del abdismo, el papá, Juan Alberto, gozó de las mieles diplomáticas como consejero en la Embajada de Paraguay en Uruguay, donde llegó a embolsarse entre 55 y 73 millones de guaraníes al mes. Por su parte, el retoño, Jorge Sebastián, pasó de entregarle plaquetas de reconocimiento a Mario Abdo Benítez en el quincho de su casa, a ligar un carguito de 10 millones de guaraníes como secretario privado en la Essap, el cual sumaba alegremente a su sueldo municipal para llegar a unos sabrosos 17 millones al mes, ostentando únicamente el título de bachiller.

Por si a esta novela le faltara un toque de drama y acción, ambos personajes guardan un pintoresco recuerdo de aquel convulsionado 31 de marzo de 2017, cuando se incendió el Congreso por el intento de enmienda constitucional. En aquel entonces, la Fiscalía imputó al padre por perturbación de la paz pública tras ser grabado ingresando al edificio en medio del tumulto, mientras que al hijo se lo fotografió en pleno entusiasmo destructivo contra una patrullera policial. Hoy, con los rencores del pasado sepultados bajo la bandera del cartismo y el respaldo explícito de Natalicio Chase, la dinastía Radice celebra por partida doble: papá acomodado con sueldo fijo en el Senado y el hijo peleando un lugar en la Junta Municipal de Asunción por la Lista 1. Una verdadera lección de cómo la política local sabe reciclar a sus muchachos y financiar la campaña electoral con el bolsillo de todos los ciudadanos.

Fuente: ABC Digital 

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