Imaginen ingresar a la Unidad de Terapia Intensiva de un hospital y, en lugar de un ambiente estéril, encontrar fallas de higiene, descontrol con los insumos y hasta alimañas. Esa es la alarmante radiografía que describe una serie de denuncias contra el Consorcio Hospiclean, formado por Mimbi S.A. y Consermar, encargado de la limpieza del Instituto de Previsión Social. La gravedad de la situación obligó a la Dirección Nacional de Contrataciones Públicas a ordenar una auditoría profunda e inmediata a este megacontrato de 75.847 millones de guaraníes.
El titular de la DNCP, Agustín Encina, dio luz verde a la Dirección de Verificación de Contratos tras recibir un dictamen jurídico fulminante. El objetivo es desarmar lo que parece ser un lucrativo negocio a costa de la salud de los asegurados y los derechos de los trabajadores. La investigación formal se concentrará en cuatro frentes que revelan un modus operandi indignante.
En primer lugar, salta a la luz el misterio de los papeles ausentes. Para cobrar las millonarias sumas a la previsional —actualmente liderada por Isaías Fretes—, la empresa debía presentar obligatoriamente documentos básicos: listas reales de su personal, extractos bancarios que demuestren los pagos y declaraciones juradas de salarios. Sin embargo, se detectó una llamativa desaparición de estos papeles, una maniobra que presuntamente busca ocultar graves irregularidades administrativas.
A esto se suma la alarmante sospecha del uso de insumos «low cost». Las denuncias apuntan a que Hospiclean estaría engañando al IPS utilizando productos de limpieza baratos, deficientes o completamente distintos a los que prometieron en la licitación. Se trataría de un negocio redondo para la firma: cobrar por primera calidad y limpiar con segundas marcas, comprometiendo gravemente la desinfección del Hospital Central.
Como consecuencia directa de este desabastecimiento de insumos reales y la falta de control, se ha provocado un deterioro higiénico sin precedentes. El dictamen oficial describe un estado de insalubridad generalizada en diversos bloques médicos del nosocomio, alertando incluso sobre la presencia de alimañas en zonas críticas que deberían mantenerse impecables.
Pero quizás el punto más peligroso recae sobre la gestión de lo que parecen ser limpiadores «fantasma» y el consecuente peligro biológico. Se presume que el consorcio opera con muchos menos limpiadores de los exigidos por contrato y, para tapar estos «baches», estarían trasladando de forma improvisada a empleados de áreas generales directamente a zonas de alta complejidad, como la Unidad de Terapia Intensiva (UTI), violando abiertamente los protocolos de bioseguridad y poniendo en riesgo la vida de los pacientes.
El escándalo no termina en los pasillos del hospital; ya llegó también a los escritorios del Ministerio de Trabajo por sueldos de miseria y doble contabilidad. Hospiclean es acusada de montar una doble fachada laboral: supuestamente declara ante el IPS que paga el salario mínimo legal a sus empleados, pero en la realidad les entrega sueldos muy por debajo de lo permitido por la ley. Al no poder sostener documentalmente este engaño, simplemente decidieron esconder los comprobantes.
El caso ya está en manos de los fiscalizadores del Estado. Mientras el consorcio acumula sospechas de explotación laboral y fraude institucional, miles de pacientes del IPS asisten diariamente a un Hospital Central donde la limpieza parece haber quedado confinada únicamente en los papeles.
Fuente: ABC Digital



