El Centro de Convenciones de la Conmebol, en Luque, se convirtió en el escenario de un encendido debate político durante la LXVIII Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur. Con una mezcla de firmeza y decepción, el presidente paraguayo, SantiagoPeña, alzó la voz ante sus pares de la región para denunciar lo que considera una distribución profundamente injusta de los beneficios del histórico acuerdo comercial firmado en enero pasado con la Unión Europea, el cual costó más de un cuarto de siglo negociar.
El mandatario anfitrión no ocultó su descontento y confesó ante líderes como el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el uruguayo Yamandú Orsi que la implementación del pacto le ha dejado un «sabor amargo». En una jornada marcada también por la notable ausencia del argentino Javier Milei, Peña recurrió a la filosofía política para dejar en claro que la posición de Paraguay no responde a un capricho arancelario, sino a una estricta demanda de equidad. Bajo la premisa de que la justicia debe ser la primera virtud de las instituciones, advirtió que un Mercosur que no juegue limpio con sus miembros deja de ser un bloque hermano para convertirse en una estructura de opresión económica.
El núcleo del reclamo paraguayo radica en el reparto de las cuotas de exportación hacia el Viejo Continente. La delegación de Paraguay sostiene que los volúmenes asignados preliminarmente ignoran sus verdaderas capacidades productivas y, peor aún, castigan su condición geográfica de país sin litoral marítimo. Peña recordó a los presentes que cada contenedor que sale de tierras paraguayas arrastra un millonario sobrecosto logístico que los socios con salida al mar no tienen que pagar. Esta asimetría estructural, reconocida desde la fundación del bloque en 1991, parece haberse olvidado en los despachos donde se afinan los detalles del Tratado con Europa, un mercado potencial de 700 millones de consumidores.
Con un tono directo y apelando a la memoria histórica de una nación que ha visto su desarrollo frenado en el pasado por conflictos regionales, Peña lanzó duras preguntas al auditorio, cuestionando el verdadero propósito de abrirse al mundo si los países grandes terminan asfixiando a los más pequeños. El mandatario insistió en que Paraguay se encuentra hoy en pleno proceso de industrialización, una etapa que sus vecinos más poderosos completaron hace tres décadas, por lo que no pide privilegios ni ventajas competitivas, sino el espacio y el tiempo necesarios para crecer en igualdad de condiciones.
A pesar de los roces por el reparto comercial, no todo fueron reproches en la cumbre. El presidente celebró el principio de acuerdo para revitalizar el Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (Focem), logrando un compromiso político para incrementar los fondos en al menos un 50%. De igual manera, instó al bloque a mirar hacia el futuro y acelerar las negociaciones con nuevos horizontes comerciales como los Emiratos Árabes Unidos y Japón, siguiendo la línea del pacto ya vigente con Singapur. Para Peña, la credibilidad internacional del Mercosur depende enteramente de su capacidad para demostrar que, antes de exigir reglas justas hacia afuera, es capaz de garantizar la solidaridad y la justicia hacia adentro.
Fuente: ABC Digital




