CAAPUCÚ. Tras renunciar para buscar su reelección y perder el control de su sucesión en la Junta Municipal, el jefe comunal cartista Gustavo Penayo (ANR-HC) reculó, se atornilló a su despacho y denunció ser víctima de una persecución de «politiqueros azules». Los concejales opositores llevaron el escándalo institucional ante el Congreso Nacional.
La Municipalidad de Caapucú atraviesa una grave fractura institucional que escaló de disputas jurídicas a hechos de violencia física. El conflicto llegó a la Cámara de Senadores, donde parlamentarios denunciaron atropellos severos por parte del intendente Gustavo Penayo Arce.
La renuncia que detonó la violenciaEl conflicto se desató el 3 de junio de 2026, cuando Penayo presentó su renuncia voluntaria ante la Junta Municipal para habilitar su campaña de reelección. En esa misma sesión se realizó una votación secreta para elegir al intendente interino. De forma sorpresiva, el voto no favoreció al candidato leal de Penayo, resultando electo el concejal Rubén Pedrozo (ANR), un colorado disidente fuertemente crítico de su gestión. Al ver que perdía el poder municipal, Penayo implementó una serie de controvertidas maniobras junto a la presidenta de la Junta, Lidia Téllez (ANR-HC): Anulación unilateral: Téllez le devolvió la nota de renuncia bajo el argumento de que el documento «no era legal» al carecer de la firma de un escribano público.
Desaparición de evidencias: Concejales denunciaron que hicieron «desaparecer» el libro de actas oficial del municipio para evitar el juramento del intendente electo Pedrozo. Ataques con gas pimienta: La situación llegó a su punto más crítico cuando un grupo de civiles atropelló el recinto comunal, encerró a siete concejales opositores en las oficinas y les arrojó gas pimienta para impedir que validaran el acta de la dimisión. Debido a este amedrentamiento, los ediles se vieron obligados a sesionar en plena calle, frente a la comisaría local. A pesar de haber promovido amparos judiciales e impugnaciones electorales, Pedrozo denunció que Penayo sigue «atornillado» a la intendencia de forma completamente irregular.
La réplica del Intendente Penayo. Ante la gravedad de las denuncias presentadas en el Congreso de la Nación paraguaya por los senadores Éver Villalba y ex senador Luis Wagner, el intendente Gustavo Penayo recurrió a sus redes oficiales para hacer su descargo, descalificando de forma tajante a los miembros de la Junta:
«Se van a hablar mal de mí en Asunción. Antes que trabajar por el pueblo, buscan la discordia. Dicen que soy un dictador, pero la verdad es que soy el intendente más permisivo y el más perseguido. Solo hablan por mí esos politiqueros azules», afirmó el jefe comunal utilizando el idioma guaraní.
Penayo tildó a los ediles de «mentirosos y conflictivos», asegurando que jurídicamente nunca se formalizó su dimisión debido a los vicios del documento entregado originalmente. Retirada estratégica y el clan familiar. Al verse inhabilitado de recuperar las riendas por la vía legislativa normal, Penayo anunció oficialmente el 1 de julio que desistía de su candidatura a la reelección por «motivos de salud». Sin embargo, concejales de la oposición señalaron que esto formó parte de una artimaña jurídica de último momento: Penayo forzó la renuncia sucesiva de los primeros cuatro postulantes colorados de su lista hasta lograr que su hermano, el ingeniero Ramón Penayo Arce, quedara posicionado directo como el candidato oficial de la Lista 1 de la ANR para los comicios locales, extendiendo la disputa por el control de la ciudad.


